QUIEN ENTRE AQUÍ ¡ABANDONE TODA ESPERANZA! CriSishoy: SÍNTESIS ANTROPOLÓGICA ("Un día en la vida")

23 noviembre 2005

SÍNTESIS ANTROPOLÓGICA ("Un día en la vida")

A los Llybes, por lo no sido
Como decíamos ayer, vamos a continuar esta dieta política que nos hemos impuesto, en forma de post de antropología musical. Ayer decíamos que tal vez hoy lleváramos a cabo un análisis de "A day in the life", para mostrar que la dialéctica humana lennon-maccartneyana se sintetiza en el corpus musical de los Beatles. Considero que el mayor esponente de esta tesis lo encontramos en la canción antedicha.
A day in the life
(un poco de ontología musical)
Este tema constituye en el fondo una aparente yuxtaposición de dos canciones diversas. La primera parte pertenecería a Lennon y la segunda a McCartney.
La primera parte empieza con unos sencillos acordes de guitarra, que evocan la sencillez de los primeros esplendores, tímidos, del amanecer que viene. De inmediato, entra el piano, para dar nobleza a los destellos iniciales, y la base rítmica, para dar estabilidad al día melancólico que se avecina. Entonces, la voz que se impone sobre el nuevo día es la del hombre, triste, que nos da la contraimagen dolorida de lo humano. Así, en unos pocos segundos, tenemos un día triste remarcado por una vida triste. La síntesis de lo natural y de lo humano en un puñado de notas simples. El día nace con la sencillez sonora de los acordes, de la misma manera que la vida humana se despierta con la tristeza de la narración de lo trágico en el periódico. Esta primera parte es absolutamente lennoniana, y evoca el canto elegíaco que toda alma sensible siente frente a la evidencia de lo perdido en el presente.
Para entender la segunda parte, es esencial captar el puente musical caótica que nos lleva de una parte a otra. Ambas partes están unidas por una escala en la que la melancolía de la primera parte se va diluyendo en profundos agudos chirriantes que parecen que nos llevan irremisiblemente a la tragedia en que desemboca toda elegía. Sin embargo, el puente caótico finaliza con un golpe grave, que neutraliza el surgimiento de la tragedia, y abre el camino de una paz posible entre el dolor del día. Es estonces cuando comienza la segunda parte, claramente maccartneyana.
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Ya no tenemos una sencilla sucesión de acordes de guitarra, como en la primera parte. Ahora lo que domina es el bajo y los graves, que vienen a dar consistencia física y vital a los alados lamentos de la primera parte. Frente al dolor elegíaco, McCartney nos ofrece el día de un burgués ordenado, que se levanta, no cuando amanece, como en la parte de Lennon, sino cuando suena el despertador. El deber del trabajo, la felicidad hogareña, es lo único que puede salvarnos de la evidencia de la harmonía del dolor natural y humano. Un día en la vida de un poeta deja paso a un día en la vida de un burgués.
Sin embargo, este juego de síntesis está lleno de ironía. La felicidad tranquila del hombre sencillo y trabajador dura poco. La consistencia de los bajos, la rotundidad de los graves, son igualmente frágiles, y caen para dar paso al canto lejano de la melancolía, que vuelve a unirse en la recuperación de la primera parte. Y esto sucede porque, en el fondo, es el mismo hombre aquél que se lamentaba en la primera parte y el que se despierta feliz en la segunda. La felicidad es posible, pero si hay en ella el espacio propio de la ironía. Ser feliz sin ironía es una impiedad; pues siempre nos espera, a la vuelta de la esquina, el lamento sonoro del dolor de ser hombre. Así, pues, parece que se impone la primera parte... . Pero también la melancolía requiere su ironía. No puede imponerse de modo absoluto en la vida, pues de este modo, la debilitaría hasta la impotencia, o la haría estallar en la violencia. Por tanto, la aparente vuelta al estadio melancólico de la primera parte, termina con un nuevo final caótico mitigado, en el que lennon y mccartney nos avisan de que lo irracional es lo que queda siempre que rascamos la piel de las certezas del hombre, ya sea la certeza melancólica del dolor o la certeza vital de la alegría.

<>RUI, EL PEQUEÑO CID<>