QUIEN ENTRE AQUÍ ¡ABANDONE TODA ESPERANZA! CriSishoy: LA IZQUIERDA Y LA DERECHA ESPAÑOLAS (O mi confesión de fe política)

11 octubre 2005

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA ESPAÑOLAS (O mi confesión de fe política)

Los diferentes frentes que el Sr. Duarte
abrió ayer en diversos post de este blog
han dado origen a este post.
Creo que ya va siendo hora. Que el que suscribe no se casa con nadie, a estas alturas ya lo saben, queridos amigos: la gente de izquierdas normalmente me insulta (que si soy un César Vidal, que si fascista... ) y la gente de derechas, cuando se acercan, lo hacen con recelo y desconfianza. Y bien que hacen. Por eso, hoy quiero hacer mi confesión de fe política. Mas ¿cómo haré esto? Pues como siempre: criticando las corrientes de pensamiento de los dos grandes partidos políticos de este viejo país. Ya ven, haciendo amigos... Quiero reducir en un par de tesis lo que considero que son los partidos más tontos y vergonzantes de la política moderna.
Tanto el PSOE como el PP tienen una cosa en común: los dos son partidos fuertemente moralizados, y no tienen muy clara la distinción entre la esfera política y la esfera moral. Esto, como saben, es más propio de una mentalidad religiosa, del Antiguo Régimen. Considero que esta moralización de lo político procede de la tradición católica española, que ha conformado las bases deontológicas de los dos partidos, aunque la izquierda ha hecho un enorme trabajo por olvidar estas raíces (tan franciscanas, e incluso jesuíticas) y la derecha por modernizarlas tras un falso tinte de liberalismo y socialdemocracia.
Ahora bien, lo que diferencia a sendas corrientes es que mientras que el PSOE pretende hacer política en base a criterios morales universalistas, el PP lo quiere hacer en clave nacionalista. Para la izquierda lo político tiene su límite prioritario en el mundo; para la derecha lo tiene en España.
La pardoja consiste en que el partido que más férreamente ha asumido los valores antinacionales y humanitarios del catolicismo ha sido el PSOE; por el contrario, el PP encarna un catolicismo rancio apegado a las tradiciones patrias.
Desde luego, la cosa es compleja para que pueda quedar clara en un breve post. Pero, desde luego, con la Iglesia hemos dado (que no topado, esto nunca lo dice don Quijote. Dice "dado").
A mi modo de ver, estas bases religiosas, que moralizan el devenir de nuestro vivere politico, constituyen el modo secularizado menos honroso de lo político.
Desde estas categorías, se entiende que a menudo la izquierda no atienda al principio de realidad y confunda los objetivos políticos con las soluciones políticas. Así, pues, si se habla de la valla de Melilla, dicen puerilidades tales como que el problema es el hambre y la injusticia del mundo, sin darse cuenta de que ese es el objetivo máximo, pero no la solución al problema inmediato. La izquierda franciscano-jesuita española siente vergüenza de tener un país porque considera que el mundo es de todos, toditos, todos, y se avergüenzan de la historia de España por no haber construido el país a besos, y cosas así.
La derecha opusdeica, por su parte, como tienen una noción comunitaria de lo católico, se consideran elegidos y con una misión: cuidar la tierra de los mayores. Por ello, cuando se habla de la valla de Melilla, dicen puerilidades como que hay que proteger España primero, para que, haciéndose grande, quitar el hambre en el mundo; pero lo dice tras argumentos socialdemócratas que, a poco que indaguemos en la jerarquía pepera, sabemos que no son sinceros.
Por tanto, si leen por ahí algo así como "Somos de izquierdas", piensen que se encuentran ante un grupo de buenas personas humanitarias; si se encuentran con un rótulo donde dice "Somos liberales", piensen que se encuentran ante un grupo de malas personas patrióticas. Y de ambos piensen que se encuentran ante buenos católicos españoles.
Así, pues, amigos, pueden seguir tratándome con recelo, e incluso insultarme de vez en cuando; pero les aseguro que yo, con semejantes elementos, no hiría ni a mi entierro. Ya ven ustedes, haciendo amigos.
P.D. Por cierto: se me olvidaba hacer mi confesión de fe política: soy kantiano.

<>RUI, EL PEQUEÑO CID<>